Activos varados en el mercado inmobiliario: la sostenibilidad como escudo del valor de inversión - Zubi Cities

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Activos varados en el mercado inmobiliario: la sostenibilidad como escudo del valor de inversión

Los activos varados son aquellos edificios que pierden rentabilidad y valor por no cumplir con las nuevas exigencias de eficiencia energética. Ante el avance de normativas como la EPBD, descubre por qué invertir en construcción sostenible desde el origen es la estrategia clave para evitar descuentos en el precio y asegurar tu capital.

En el sector inmobiliario, un activo varado es un edificio que pierde valor, liquidez o capacidad de generar rentas porque su rendimiento energético y ambiental no cumple con las exigencias regulatorias, financieras o de mercado. No se trata de un edificio antiguo, sino de un activo que queda fuera del mercado antes de agotar su vida útil.


Según una encuesta de Deepki entre más de 250 gestores institucionales europeos, el 94% reconoce un nivel alto de riesgo financiero asociado a activos varados en sus carteras. En países como España, Francia, Alemania e Italia, el 58% afirma que al menos un 30% de sus activos ya se encuentra en esta situación. Ante esta realidad, la construcción sostenible desde el origen deja de ser una decisión ética para convertirse en una estrategia eficaz de preservación de capital.

El edificio que dejó de ser rentable antes de envejecer

Imaginemos un edificio de oficinas construido a principios de los noventa en una zona consolidada de Madrid. Buena ubicación, estructura sólida y mantenimiento adecuado. Sobre el papel, debería tener décadas de vida útil por delante. Sin embargo, lleva tres años perdiendo inquilinos.

El problema no está en su entorno ni en su diseño, sino en su desempeño energético. Cuenta con una calificación G, sus costes de climatización duplican los de edificios más recientes y los departamentos de RSC de las empresas que lo ocupaban ya no pueden justificar su uso ante accionistas y grupos de interés. No está abandonado ni en ruinas, pero ha perdido su competitividad. Es, en la práctica, un activo varado.

El concepto de stranded asset surge en el sector energético para describir reservas de combustibles fósiles que dejaban de ser explotables por cambios regulatorios o tecnológicos. En el ámbito inmobiliario, la lógica es similar: un activo se vara cuando el coste de adaptarlo supera el valor que puede generar después. La diferencia es que aquí hablamos de edificios donde viven y trabajan personas.

La magnitud del fenómeno es significativa. Según Real Asset Insight, el 50% de los gestores institucionales europeos prevé que entre un 20% y un 40% adicional de sus carteras se convierta en activos varados en los próximos tres años.

5 vías por las que un edificio se vara

El varamiento no es un evento puntual, sino un proceso progresivo en el que distintos factores se refuerzan entre sí hasta erosionar la competitividad del activo:

  1. Presión regulatoria. La Directiva de Eficiencia Energética de Edificios (EPBD) establece plazos concretos para alcanzar calificaciones mínimas, mientras que la normativa española de carbono embebido (DB-SA 2026) introduce una capa adicional de exigencia que mide no sólo el consumo operativo del edificio, sino la huella de carbono de los materiales con los que fue construido.

  2. Restricción financiera. Bancos y fondos integran criterios ESG en sus procesos de análisis, lo que dificulta el acceso a financiación para activos ineficientes. La Taxonomía verde de la UE exige que los edificios estén en el top 15% en eficiencia energética o cuenten con una calificación A. Quienes no cumplen estos requisitos quedan fuera del radar de inversión de un número creciente de actores.

  3. La demanda también evoluciona. Tanto inquilinos corporativos como compradores priorizan edificios eficientes, con menores costes operativos y certificaciones ambientales. Este desplazamiento genera el conocido brown discount, que penaliza a los activos menos eficientes.

  4. Costes operativos crecientes. Un edificio con mala envolvente térmica, instalaciones obsoletas y sin integración de renovables acumula facturas energéticas más altas año tras año. Y en un entorno de precios energéticos volátiles como el actual este diferencial de coste se traduce directamente en menor margen para el propietario y menor disponibilidad de renta para el inquilino. El resultado se traduce en rendimientos netos cada vez más bajos sin que la solución sea subir alquileres, porque el mercado ya no acepta esas condiciones a ese precio.

  5. Riesgo climático físico. Inundaciones, olas de calor, incendios forestales y otros eventos extremos afectan directamente al valor y la asegurabilidad de los activos inmobiliarios. La DANA de Valencia en 2024 fue un recordatorio contundente de que el riesgo físico no es una proyección a 2050, sino un evento que ya impacta en carteras reales de la geografía española. Los edificios diseñados sin criterios de resiliencia climática concentran cada vez más riesgo de deterioro físico y de aumento de primas de seguro.

El calendario que ya está en marcha: EPBD 2027-2033

La Directiva EPBD no es una mera declaración de intenciones. Es un calendario regulatorio con fechas específicas que determinará qué edificios pueden seguir operando en el mercado europeo y cuáles necesitarán intervenciones millonarias para no quedar excluidos.

Los plazos son escalonados pero implacables: en 2027, los edificios no residenciales y públicos deberán alcanzar una calificación mínima E; en 2030, los residenciales deberán cumplir ese mismo umbral, mientras que los no residenciales deberán elevarse a D; para 2033, todos los residenciales deberán situarse al menos en D. El objetivo final es que, en 2050, todo el parque inmobiliario sea de emisiones cero.

Lo que hace especialmente relevante este calendario para el inversor español es que no opera de forma aislada. En julio de 2025, la Asociación Española de Análisis de Valor (AEV) publicó el primer Estándar de Sostenibilidad del sector de valoración en España, y la Orden ECM/599/2025 introdujo el principio de sostenibilidad como factor a considerar en las tasaciones con finalidad financiera. En la práctica, esto significa que el riesgo de varamiento ya no es un concepto teórico y está empezando a aparecer en los informes de tasación oficiales que acompañan las operaciones de compraventa y financiación.

Para un inversor, la cuestión no es si la regulación impactará sino cuántos activos requieren intervención y qué volumen de capital será necesario movilizar antes de 2030.

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El precio de ignorar el riesgo: el brown discount y coste de oportunidad

El impacto financiero de tener activos no sostenibles en cartera ya es cuantificable. Y no se trata de proyecciones especulativas, sino de evidencia y datos observados en mercados europeos durante los últimos dos años.

Los edificios con certificaciones verdes registran primas de precio de entre el 13% y el 20% en el sector comercial y del 3% al 15% en el residencial, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) y estudios sectoriales. En contraste, el Índice de Sostenibilidad de CBRE de 2023 confirma que los activos ineficientes rinden significativamente peor que los eficientes durante las correcciones de mercado con retornos anualizados de -4,6% frente a -1,4%. El diferencial de más de tres puntos porcentuales se amplía cada año, a medida que la regulación y las preferencias de mercado endurecen las condiciones para los activos con peor desempeño.

En España, el informe de Tinsa e IESE de enero de 2025 indica que cada mejora de una sola letra en la calificación energética de una vivienda eleva su valor en un 1,3% de media. Además, según JLL (European Sustainability and Value Report 2025), las rentas de edificios con certificación BREEAM o LEED son un 7,6% superiores a las de activos no certificados, con una prima de valor medio del 10,2%. 

Estos datos reflejan un cambio estructural donde la sostenibilidad ha pasado a ser un factor directo de valoración. Cada año sin mejoras energéticas implica perder potencial de valorización y asumir un descuento creciente.

CRREM: medir el riesgo con precisión

El Carbon Risk Real Estate Monitor (CRREM) se ha consolidado como el estándar global para evaluar el riesgo de varamiento a nivel de activo y de cartera. Desarrollado como proyecto de investigación financiado por la UE, CRREM permite identificar el momento exacto en el que un edificio superará los umbrales de emisiones compatibles con el Acuerdo de París, lo que se conoce como stranding point o punto de varamiento. Más de 450.000 millones de euros en activos bajo gestión ya se analizan con esta metodología según datos del propio CRREM.

El proceso traduce datos técnicos en información accionable, identifica desviaciones respecto a la senda de descarbonización y anticipa cuándo será necesaria una intervención. Para inversores, supone convertir un riesgo difuso en una variable concreta de decisión.

Construir sostenible desde el origen frente a rehabilitar a contrarreloj

La rehabilitación energética profunda del parque existente es imprescindible pues, sin ella, los objetivos europeos de descarbonización son inalcanzables. Pero la rehabilitación tiene límites que conviene entender desde una perspectiva de inversión.

Un caso documentado por Real Asset Insight muestra un edificio rehabilitado en Alemania con una inversión de 346 €/m². Las mejoras permitieron extender su vida útil 20 años, pero el activo seguirá varado en 2042. La intervención gana tiempo, pero no elimina el riesgo.

En cambio, la construcción sostenible desde el origen parte de otra lógica. Un edificio diseñado con alta eficiencia energética, materiales de baja huella de carbono, integración de renovables y certificaciones como BREEAM o VERDE nace con un margen de seguridad que lo sitúa muy por encima de los umbrales de varamiento previstos hasta 2050. No necesita intervenciones de capital extraordinarias para cumplir con la regulación futura porque la cumple de partida.

Proyectos como Pinea o Madreselva en Valencia ilustran este enfoque. Construidos con madera técnica CLT, calificación energética A y diseño pasivo, ofrecen un rendimiento energético muy por encima de la media. Para un inversor, esto se traduce en un activo que no sólo genera rentas hoy, sino que garantiza una estabilidad de ingresos, menor necesidad de inversión futura y mayor resiliencia frente a cambios regulatorios.

Claves para anticipar el riesgo de activos varados

El impacto de los activos varados ya se refleja en valoraciones, condiciones de financiación y liquidez de los activos y anticiparse es la vía para gestionarlo de forma estratégica.

Auditar la cartera es el primer paso para identificar el punto de varamiento de cada activo y priorizar intervenciones. En segundo lugar, evaluar el riesgo regulatorio permite anticipar qué activos requerirán inversión antes de 2027, 2030 o 2033. Y por último, en nuevas adquisiciones, priorizar activos alineados con la Taxonomía Verde reduce la exposición a este riesgo.

El capital ya está en movimiento, según datos de 2025, el 84% de los inversores institucionales prevé aumentar su exposición a activos sostenibles en los próximos dos años. La cuestión, para cada inversor individual, es si su cartera está preparada para ese desplazamiento o si arrastra activos que el mercado está dejando atrás.

Preguntas frecuentes sobre activos varados en el inmobiliario

¿Qué es un activo varado en el sector inmobiliario?
Un activo varado (stranded asset) es un inmueble que pierde valor de forma prematura no por deterioro físico, sino porque su rendimiento energético y ambiental ya no cumple con los estándares exigidos por la regulación, los financiadores o los inquilinos. En la práctica, es un edificio que se queda fuera de mercado antes de agotar su vida útil porque rehabilitarlo cuesta más de lo que el activo puede generar después. El concepto procede del sector energético, donde se aplicaba a reservas fósiles que dejaban de ser explotables, y se ha trasladado al inmobiliario ante la presión regulatoria europea.

¿Qué diferencia hay entre un activo varado y un activo distressed?
Un activo distressed es un inmueble en dificultades financieras, normalmente por impago, ejecución hipotecaria o concurso del propietario. Su problema es de solvencia del titular, no de obsolescencia del edificio. Un activo varado, en cambio, puede tener un propietario solvente, el problema está en el propio edificio, cuyo rendimiento energético lo hace inviable comercialmente a medio plazo. Un distressed puede rehabilitarse y volver al mercado con valor; un varado puede no tener rehabilitación viable si el coste supera el valor residual del activo.

¿Cómo saber si un edificio de mi cartera está en riesgo de varamiento?
La herramienta CRREM (Carbon Risk Real Estate Monitor) permite calcular el año exacto en que un edificio superará los umbrales de emisiones compatibles con el Acuerdo de París. Se introducen los datos de consumo energético, superficie, tipología y ubicación, y la herramienta compara las emisiones del edificio con las trayectorias de descarbonización específicas para cada país. El resultado indica si el activo está dentro de la senda permitida o en qué año cruzará el umbral. Inversores con carteras superiores a 450.000 millones de euros ya utilizan esta herramienta de forma regular.

¿Qué plazos establece la EPBD para la eficiencia energética de edificios?
La Directiva de Eficiencia Energética de Edificios (EPBD) establece plazos escalonados: los edificios no residenciales y públicos deben alcanzar calificación E en 2027 y D en 2030; los residenciales deben llegar a E en 2030 y D en 2033. Para 2050, todo el parque edificado existente debe haberse transformado en edificios de emisiones cero. Estos plazos determinan qué inmuebles podrán seguir operando en el mercado europeo sin restricciones y cuáles necesitarán rehabilitaciones costosas para cumplir los mínimos.

¿La construcción sostenible de origen protege frente al varamiento?
Sí. Un edificio diseñado con criterios de eficiencia energética máxima, materiales de baja huella de carbono y certificaciones como BREEAM o VERDE nace con un margen de seguridad amplio respecto a los umbrales de varamiento previstos hasta 2050. A diferencia de la rehabilitación, que compra tiempo pero no elimina el riesgo (un edificio rehabilitado puede seguir varándose a medio plazo), la construcción sostenible de origen sitúa al activo por encima de las exigencias regulatorias futuras sin necesidad de intervenciones de capital extraordinarias.

¿Qué impacto financiero tiene el varamiento sobre el valor de un edificio?
El impacto ya es cuantificable. Los edificios ineficientes rinden peor en correcciones de mercado (retornos anualizados de -4,6% frente a -1,4% en edificios eficientes, según CBRE). Cada mejora de letra en la calificación energética eleva el valor de una vivienda un 1,3% de media (Tinsa/IESE, 2025). Los edificios certificados BREEAM o LEED obtienen rentas un 7,6% superiores (JLL, 2025). Y el 50% de gestores institucionales europeos encuestados por Deepki prevé que entre el 20% y el 40% de su cartera se convierta en activos varados en los próximos tres años.